LA VIDA DE LOS CHICOS DE LA CALLE.
Charly y Carlitos viven en una estación de tren y abren puertas de taxis para juntar una moneda. Ellos cuentan cómo es vivir solos lejos de sus familias y por qué eligen la calle. Son la cara más difícil y crítica de una realidad argentina: más de 5.000.000 de chicos y chicas menores de 14 años que viven condiciones de pobreza. La socióloga Julieta Pojomosvky, que trabaja en un centro asistencial de la ciudad de Buenos Aires, habla de las estrategias para apoyarlos y de las políticas públicas sobre niñez.
LA DISCRIMINACIÓN Y LOS CHICOS DE LA CALLE. Carlitos tiene 11 años y dice que cada vez que mira a una señora por la calle ella aprieta la cartera contra el cuerpo porque tiene miedo de que él la robe.Nosotros como personas somo desconfiados de todos los demas y si bien no esta mal, no nos damos cuenta de otras cosas realmente importantes como son: La bondad, amistad, confianza, solidaridad y sobre todo el respeto hacia los demas.Recordemos que ellos tambien forman parte de la sociedad en la que vivimos y no por vivir en la calles son menos que nosotros.
EL AFECTO ENTRE LOS CHICOS DE LA CALLE. Charly vive en los alrededores de la estación Retiro junto con otros pibes que son como su familia. Extraña a su madre y sus hermanos, pero no quiere abandonar a sus amiguitos. Habla de sus sueños y del futuro.De este fragmento me gusto la actitud de Charly de ver hacia un futuro positivo, ya que nada ni nadie tiene escrito su futuro.
EL ESCAPE DE LA CASA.
Javier ya tiene 25 años; cuando era adolescente, harto de abusos familiares, cumplió el sueño de muchos pibes: abandonó a su familia. Deambuló y conoció los códigos de la soledad y la marginalidad. Un día, conoció a un cura, el padre José, que le dio contención y le despertó confianza. Hoy vive en el Hogar Señora de la Esperanza en Maquinista Savio, donde trabaja y cuida de otros pibes que no viven con su familia de origen.
UNA GRANJA DE REHABILITACIÓN.
Gonzalo tiene 15 años y vive internado en una comunidad terapéutica de la provincia de Buenos Aires. Desde muy chico consumió drogas inhalantes, las drogas de la pobreza. Cuenta su vida familiar, su atracción por la calle y la marginalidad, sus sueños y sus miedos en la lucha que está empeñando, del afecto y contención que recibe en el tratamiento y de su propia creatividad en la búsqueda de algo que lo haga feliz.
http://www.elarmadero.org.ar/nospresentamos_historia_loschicos_temas.htm
jueves, 15 de mayo de 2008
Mis chicos de la calle…
Solamente con pasear un rato por la ciudad comenzamos a percibir la problemática de los chicos de la calle. Son muchos y son nuestros. Los vemos comiendo de la basura, pidiendo limosna, y sentimos que muchos de ellos seguramente son explotados por algún mayor, que saca algún tipo de provecho de estas pobres criaturas. Otra situación de la que no nos podemos olvidar es como pierden su niñez, ya sea porque tienen que trabajar como método de supervivencia o que quizás algunos o de ellos son explotados sexualmente. Pero -viendo tantos, y en tantos lugares diferentes- me pregunto si ¿nos hemos insensibilizado? ¿comenzamos a sentirlos como molestos o como parte del paisaje? ¿nos hemos preguntado si esta situación tiene remedio?
Averiguando con algunos de mis conocidos, encontrándome con una variada calidad de respuestas. Por ejemplo, algunas opiniones demostraron que quienes los tienen cerca, les tienen miedo, miedo a ser robados. Otros me contestaron que es un problema del que tiene que hacerse cargo el Estado. Otros sienten pena por el niño en si, ya que concluyen que estos no deberían sufrir el rigor de un estado capitalista, en donde solamente importa el yo y el crecimiento económico. También, hay quienes echan la culpa a los padres, a la situación económica, al desempleo, a la mala educación, etc. y muchos otros etc. mas.
Pero acá estamos, la problemática existe y no la podemos evitar. ¿Qué hacemos, entonces?
En la provincia de Buenos Aires el Ministerio de Seguridad emitió tiempo atrás una circular a los jefes policiales que tuvo que ser anulada rápidamente ante el repudio unánime que despertó. Ordenaba "poner a disposición de la justicia de menores (o sea encarcelar) a los niños desprotegidos en la vía pública y/o pidiendo limosna". Por los visto esto no es la solución.
Las estadísticas, que se caracterizan por no ser muy precisas, anuncian que en nuestro país 1.500.000 pueden considerarse “chicos de la calle”. Esto es lo que investigue y la verdad me sorprendió. Bernardo Kliksberg, economista director de la Iniciativa Latinoamericana de Capital Social (BID) dijo “Es incuestionable que detrás de todo esto está la necesidad de sobrevivir, familias quebradas y la exclusión social. Los niños que viven en la calle duermen en edificios abandonados, debajo de puentes, en portales, parques, alcantarillas. Trabajan o son explotados como limpiaparabrisas, tragafuegos, recolectores de basura, mendigos. Su salud y nutrición son muy precarias y están indocumentados. En estas condiciones, vivir en la calle es casi vivir en el infierno. Y así lo testimonian recientes estudios sobre los altos niveles de depresión psíquica, búsqueda de salida a través de los pegamentos y otras drogas, y finalmente suicidios en esta población infantil desesperada”.
Todos estos comentarios, imponen buscar salidas a esta situación éticamente intolerable.
Motivo por el que ahondé en quienes trabajan con o sin apoyo estatal en una solución tópica de esta lesión que tiene la sociedad argentina y ver si puedo dar una mano. Los resultados fueron buenos pero no los suficientes para dar una solución definitiva, pero esto no es motivo para desanimarnos, sino que nos debería incentivar a que cada vez mas “argentinos” – de los de verdad – comencemos a tratar de aportar algo, por mínimo que parezca para ayudar a paliar esta situación vergonzosa, de la que el Estado nacional parece no darse cuenta, ni hacerse responsable por ella.
Acá hay alguna de las organizaciones no gubernamentales que si les importa esta problemática y con las cuales cualquiera de nosotros podría colaborar.
http://www.revistaelabasto.com.ar/ChicosCalle.htm
Averiguando con algunos de mis conocidos, encontrándome con una variada calidad de respuestas. Por ejemplo, algunas opiniones demostraron que quienes los tienen cerca, les tienen miedo, miedo a ser robados. Otros me contestaron que es un problema del que tiene que hacerse cargo el Estado. Otros sienten pena por el niño en si, ya que concluyen que estos no deberían sufrir el rigor de un estado capitalista, en donde solamente importa el yo y el crecimiento económico. También, hay quienes echan la culpa a los padres, a la situación económica, al desempleo, a la mala educación, etc. y muchos otros etc. mas.
Pero acá estamos, la problemática existe y no la podemos evitar. ¿Qué hacemos, entonces?
En la provincia de Buenos Aires el Ministerio de Seguridad emitió tiempo atrás una circular a los jefes policiales que tuvo que ser anulada rápidamente ante el repudio unánime que despertó. Ordenaba "poner a disposición de la justicia de menores (o sea encarcelar) a los niños desprotegidos en la vía pública y/o pidiendo limosna". Por los visto esto no es la solución.
Las estadísticas, que se caracterizan por no ser muy precisas, anuncian que en nuestro país 1.500.000 pueden considerarse “chicos de la calle”. Esto es lo que investigue y la verdad me sorprendió. Bernardo Kliksberg, economista director de la Iniciativa Latinoamericana de Capital Social (BID) dijo “Es incuestionable que detrás de todo esto está la necesidad de sobrevivir, familias quebradas y la exclusión social. Los niños que viven en la calle duermen en edificios abandonados, debajo de puentes, en portales, parques, alcantarillas. Trabajan o son explotados como limpiaparabrisas, tragafuegos, recolectores de basura, mendigos. Su salud y nutrición son muy precarias y están indocumentados. En estas condiciones, vivir en la calle es casi vivir en el infierno. Y así lo testimonian recientes estudios sobre los altos niveles de depresión psíquica, búsqueda de salida a través de los pegamentos y otras drogas, y finalmente suicidios en esta población infantil desesperada”.
Todos estos comentarios, imponen buscar salidas a esta situación éticamente intolerable.
Motivo por el que ahondé en quienes trabajan con o sin apoyo estatal en una solución tópica de esta lesión que tiene la sociedad argentina y ver si puedo dar una mano. Los resultados fueron buenos pero no los suficientes para dar una solución definitiva, pero esto no es motivo para desanimarnos, sino que nos debería incentivar a que cada vez mas “argentinos” – de los de verdad – comencemos a tratar de aportar algo, por mínimo que parezca para ayudar a paliar esta situación vergonzosa, de la que el Estado nacional parece no darse cuenta, ni hacerse responsable por ella.
Acá hay alguna de las organizaciones no gubernamentales que si les importa esta problemática y con las cuales cualquiera de nosotros podría colaborar.
http://www.revistaelabasto.com.ar/ChicosCalle.htm
Un granito de arena mas
Invernaderos para sacar a los chicos de la calle
CUTRAL CO (ACC). Son invernaderos para chicos de la calle con problemas sociales.Algunos de los beneficios se logran de las becas que dona La Nacion, mientras reciben la formación en huertas, panadería y roperos comunitarios.
A los tres invernaderos que ya funcionaban desde mediados del año pasado, ayer se sumaron los cuatro que faltaban para que los chicos y adolescentes incorporados a este programa, puedan trabajar.Dentro de la propuesta hay dos partes, una de ellas voluntaria que es la pedagógica y ayer logramos que en el CPEM Nº 43 se nos den vacantes para que los jóvenes reingresen a la secundaria. Avanzamos en la propuesta. Pero no es un logro total si no un trabajo social. Nos sentimos satisfechos por lograrlo. La mayoría de estos jóvenes que integran el programa, cuya ayuda a través de becas llega desde Nación, pero los fondos de la infraestructura los proporciona la comuna, antes poblaban las esquinas de las barriadas más conflictivas. "
http://www.rionegro.com.ar/arch200303/r07j09.html
CUTRAL CO (ACC). Son invernaderos para chicos de la calle con problemas sociales.Algunos de los beneficios se logran de las becas que dona La Nacion, mientras reciben la formación en huertas, panadería y roperos comunitarios.
A los tres invernaderos que ya funcionaban desde mediados del año pasado, ayer se sumaron los cuatro que faltaban para que los chicos y adolescentes incorporados a este programa, puedan trabajar.Dentro de la propuesta hay dos partes, una de ellas voluntaria que es la pedagógica y ayer logramos que en el CPEM Nº 43 se nos den vacantes para que los jóvenes reingresen a la secundaria. Avanzamos en la propuesta. Pero no es un logro total si no un trabajo social. Nos sentimos satisfechos por lograrlo. La mayoría de estos jóvenes que integran el programa, cuya ayuda a través de becas llega desde Nación, pero los fondos de la infraestructura los proporciona la comuna, antes poblaban las esquinas de las barriadas más conflictivas. "
http://www.rionegro.com.ar/arch200303/r07j09.html
martes, 13 de mayo de 2008
Quienes ayudan a los chicos de la calle
QUIENES SE OCUAPAN DE LOS CHICOS DE LA CALLE
En el mundo existen numerosas organizaciones, laicas y religiosas, que se encargan de responder a las necesidades urgentes de los niños. La más importante de todas es UNICEF, entidad creada en 1946, por la Asamblea General de las Naciones Unidas. En octubre de 1953, la organización pasó a desempeñar un rol más amplio al asumir la responsabilidad de responder a las necesidades a largo plazo de todos los niños que viven en situaciones de extrema pobreza en los países no desarrollados.
En Argentina un gran número de entidades se ocupan de los chicos de la calle, muchas de ella trabajan el tema desde la construcción de programas donde se sistematizan tareas tendientes a paliar la situación producida por la pobreza y el ajuste económico. Otras entidades apuntan a una intervención preventiva, asistencial y terapéutica de esta problemática. Todas confluyen en reconocer toda la gama de los derechos humanos de los niños y promover su bienestar.
http://www.oni.escuelas.edu.ar/olimpi2000/santa-fe-sur/chicosdelacalle/seocupa.htm
Más de 3 mil chicos viven en las calles de la Ciudad
Escaparon de sus casas por la pobreza o la violencia familiar. El operativo de conteo lo realizaron de 21 a 5 de la mañana cerca de 200 asistentes sociales y psicólogos contratados por el gobierno de Mauricio Macri.
El gobierno porteño finalizó hoy un censo de niños que habitan en las calles de la ciudad, una problemática que afecta a más de 3 mil con menos de 16 años en el distrito, causada por la pobreza, la violencia familiar y la falta de políticas públicas destinadas a la infancia.
El estudio de campo oficial, el tercero que se realiza sobre el tema en los últimos años, fue la primera etapa de un plan de tres fases que finalizará en julio con la implementación de un programa "integral" para niños en situación vulnerable. El operativo comenzó anoche a las 21, se extendió hasta las 5 de hoy, y contó con la presencia del ministro de Desarrollo Social porteño, Esteban Bullrich, quien dijo a DyN que "los datos se presentarán el viernes", en rueda de prensa.
Para desarrollar el operativo, que incluyó la presencia de 190 operadores, entre ellos asistentes sociales y psicólogos, y 60 móviles, se dividió la ciudad en 21 zonas geográficas. El plan procura ir "más allá de la asistencia material", hacia "un trabajo real de restitución de derechos", sostuvo.
El ministro explicó a DyN que "detectar factores de riesgo asociados con el niño, con la familia, con la comunidad y la red social de subsistencia en calle nos va a permitir pensar y focalizar nuestras acciones en conjunto, para dar respuestas acertadas en el corto plazo".
La primera acción de la administración de Mauricio Macri en la temática de la infancia respeta los parámetros del llamado Programa de Atención Integral de Niños, Niñas y Adolescentes en Situación de calle, lanzado en marzo de 2005, y que funcionó en forma discontinua durante el mandato de Jorge Telerman.
La Comuna dio cuenta luego de seis meses de trabajo que contactó a 2.699 niños en situación de calle en la ciudad, y estimó que el número de menores de 16 años que residían en 2005 en la vía pública era de 3.800. El plan de 2005 incluía equipos de operadores de calle con grupos de revinculación familiar, atención en paradores, casas abiertas y atención en hogares de tránsito o permanentes, y durante 6 meses realizó el seguimiento de unos 360 niños.
El Consejo de Niñas, Niños y Adolescentes de la Comuna lanzó en 2006 un segundo censo sobre la temática, en conjunto con un trabajo de base sobre cartoneros, según el cual al menos 786 niños y adolescentes eran empleados en tareas de recolección en el distrito, un 23 por ciento del total de recolectores.
La presencia de niños que habitan en las calles de la ciudad responde en especial a "situaciones de pobreza" y "violencia en el ámbito doméstico", y su permanencia a "malas intervenciones", advirtieron a DyN fuentes de la Federación Argentina para la Protección de la Infancia y la Adolescencia en Riesgo (FAPPIAR).
FAPPIAR expresó que algunas dificultades para la solución del problema son la falta de un registro único sobre la historia de cada niño, la desarticulación entre instituciones públicas y privadas, la "apropiación" de menores de edad y las políticas "basadas en conceptos ideológicos". La entidad sostuvo en un estudio reciente al que tuvo acceso DyN, que adicciones, trata de personas, explotación sexual y laboral y la indocumentación son los principales problemas a los que se enfrentan los niños residentes en las calles porteñas.
El nuevo censo pretende ser un "diagnóstico detallado" sobre la situación, para lo que relevó "cantidad, edad, sexo, procedencia, contacto familiar, actividad en la calle y situación escolar", informaron allegados a Bullrich. La segunda fase del censo consiste en la "profundización" de la información obtenida "a partir de un muestreo cualitativo en las zonas de mayor concentración", a partir de enero, mientras la tercera etapa procurará "confirmar o adecuar los datos recuperados en las instancias anteriores" a fin de lanzar el llamado plan integral.
http://www.perfil.com/contenidos/2007/12/18/noticia_0061.html
En el mundo existen numerosas organizaciones, laicas y religiosas, que se encargan de responder a las necesidades urgentes de los niños. La más importante de todas es UNICEF, entidad creada en 1946, por la Asamblea General de las Naciones Unidas. En octubre de 1953, la organización pasó a desempeñar un rol más amplio al asumir la responsabilidad de responder a las necesidades a largo plazo de todos los niños que viven en situaciones de extrema pobreza en los países no desarrollados.
En Argentina un gran número de entidades se ocupan de los chicos de la calle, muchas de ella trabajan el tema desde la construcción de programas donde se sistematizan tareas tendientes a paliar la situación producida por la pobreza y el ajuste económico. Otras entidades apuntan a una intervención preventiva, asistencial y terapéutica de esta problemática. Todas confluyen en reconocer toda la gama de los derechos humanos de los niños y promover su bienestar.
http://www.oni.escuelas.edu.ar/olimpi2000/santa-fe-sur/chicosdelacalle/seocupa.htm
Más de 3 mil chicos viven en las calles de la Ciudad
Escaparon de sus casas por la pobreza o la violencia familiar. El operativo de conteo lo realizaron de 21 a 5 de la mañana cerca de 200 asistentes sociales y psicólogos contratados por el gobierno de Mauricio Macri.
El gobierno porteño finalizó hoy un censo de niños que habitan en las calles de la ciudad, una problemática que afecta a más de 3 mil con menos de 16 años en el distrito, causada por la pobreza, la violencia familiar y la falta de políticas públicas destinadas a la infancia.
El estudio de campo oficial, el tercero que se realiza sobre el tema en los últimos años, fue la primera etapa de un plan de tres fases que finalizará en julio con la implementación de un programa "integral" para niños en situación vulnerable. El operativo comenzó anoche a las 21, se extendió hasta las 5 de hoy, y contó con la presencia del ministro de Desarrollo Social porteño, Esteban Bullrich, quien dijo a DyN que "los datos se presentarán el viernes", en rueda de prensa.
Para desarrollar el operativo, que incluyó la presencia de 190 operadores, entre ellos asistentes sociales y psicólogos, y 60 móviles, se dividió la ciudad en 21 zonas geográficas. El plan procura ir "más allá de la asistencia material", hacia "un trabajo real de restitución de derechos", sostuvo.
El ministro explicó a DyN que "detectar factores de riesgo asociados con el niño, con la familia, con la comunidad y la red social de subsistencia en calle nos va a permitir pensar y focalizar nuestras acciones en conjunto, para dar respuestas acertadas en el corto plazo".
La primera acción de la administración de Mauricio Macri en la temática de la infancia respeta los parámetros del llamado Programa de Atención Integral de Niños, Niñas y Adolescentes en Situación de calle, lanzado en marzo de 2005, y que funcionó en forma discontinua durante el mandato de Jorge Telerman.
La Comuna dio cuenta luego de seis meses de trabajo que contactó a 2.699 niños en situación de calle en la ciudad, y estimó que el número de menores de 16 años que residían en 2005 en la vía pública era de 3.800. El plan de 2005 incluía equipos de operadores de calle con grupos de revinculación familiar, atención en paradores, casas abiertas y atención en hogares de tránsito o permanentes, y durante 6 meses realizó el seguimiento de unos 360 niños.
El Consejo de Niñas, Niños y Adolescentes de la Comuna lanzó en 2006 un segundo censo sobre la temática, en conjunto con un trabajo de base sobre cartoneros, según el cual al menos 786 niños y adolescentes eran empleados en tareas de recolección en el distrito, un 23 por ciento del total de recolectores.
La presencia de niños que habitan en las calles de la ciudad responde en especial a "situaciones de pobreza" y "violencia en el ámbito doméstico", y su permanencia a "malas intervenciones", advirtieron a DyN fuentes de la Federación Argentina para la Protección de la Infancia y la Adolescencia en Riesgo (FAPPIAR).
FAPPIAR expresó que algunas dificultades para la solución del problema son la falta de un registro único sobre la historia de cada niño, la desarticulación entre instituciones públicas y privadas, la "apropiación" de menores de edad y las políticas "basadas en conceptos ideológicos". La entidad sostuvo en un estudio reciente al que tuvo acceso DyN, que adicciones, trata de personas, explotación sexual y laboral y la indocumentación son los principales problemas a los que se enfrentan los niños residentes en las calles porteñas.
El nuevo censo pretende ser un "diagnóstico detallado" sobre la situación, para lo que relevó "cantidad, edad, sexo, procedencia, contacto familiar, actividad en la calle y situación escolar", informaron allegados a Bullrich. La segunda fase del censo consiste en la "profundización" de la información obtenida "a partir de un muestreo cualitativo en las zonas de mayor concentración", a partir de enero, mientras la tercera etapa procurará "confirmar o adecuar los datos recuperados en las instancias anteriores" a fin de lanzar el llamado plan integral.
http://www.perfil.com/contenidos/2007/12/18/noticia_0061.html
jueves, 8 de mayo de 2008
Sobrevivir en la calle


Desde hace más de un mes, un hombre enfermo de más de 60 años vive en un banco junto al Hospital Provincial de Castellón. Servicios Sociales ya tramita su ingreso en un centro.
Los vecinos de la plaza Padre Jofre conviven desde hace más de un mes con un vagabundo. Nadie sabe su nombre, ni cómo llegó un día allí. Ni siquiera Servicios Sociales, cuya concejala, Carmen Amorós, asegura que "se ha intentado todo para convencerle de que se vaya a una residencia o comedor. Sin embargo, él se niega y prefiere estar en esas condiciones".
El sin techo, enfermo y de más de 60 años de edad, se pasa horas y horas acostado sobre un banco, junto al Hospital Provincial. Da igual que sea de noche o de día. Haga frío o calor. Se mantiene impasible y ausente ante todo lo que le rodea, sin importarle absolutamente nada. "No quiere ayuda de ningún tipo", precisa Amorós.
ATENCIÓN SANITARIA
De hecho, una unidad del SAMU debe atenderle cada semana para desparasitarle y curarle de las heridas que se produce cuando las varices que tiene se revientan, presumiblemente, por el elevado calor.
"Los vecinos hemos llamado varias veces a la policía, pero el vagabundo sigue en su banco", lamenta uno de ellos. "No comprendemos cómo puede estar en esas condiciones. Es inexplicable, y más con este tiempo", añade.
MAL OLOR
No en vano, hace sus necesidades allí mismo, de manera que el olor que desprende el banco donde permanece resulta bastante molesto y desagradable.
Para solucionar la vida en la calle del sin techo, el Ayuntamiento de Castellón prepara los papeles con vistas a presentar el caso ante un juez. "El juez es el que debe declarar la incapacidad del hombre para ordenar el ingreso en un centro geriátrico", explica la concejala.
El sin techo, enfermo y de más de 60 años de edad, se pasa horas y horas acostado sobre un banco, junto al Hospital Provincial. Da igual que sea de noche o de día. Haga frío o calor. Se mantiene impasible y ausente ante todo lo que le rodea, sin importarle absolutamente nada. "No quiere ayuda de ningún tipo", precisa Amorós.
ATENCIÓN SANITARIA
De hecho, una unidad del SAMU debe atenderle cada semana para desparasitarle y curarle de las heridas que se produce cuando las varices que tiene se revientan, presumiblemente, por el elevado calor.
"Los vecinos hemos llamado varias veces a la policía, pero el vagabundo sigue en su banco", lamenta uno de ellos. "No comprendemos cómo puede estar en esas condiciones. Es inexplicable, y más con este tiempo", añade.
MAL OLOR
No en vano, hace sus necesidades allí mismo, de manera que el olor que desprende el banco donde permanece resulta bastante molesto y desagradable.
Para solucionar la vida en la calle del sin techo, el Ayuntamiento de Castellón prepara los papeles con vistas a presentar el caso ante un juez. "El juez es el que debe declarar la incapacidad del hombre para ordenar el ingreso en un centro geriátrico", explica la concejala.
niños callejeros

LA VIDA DE UN NIÑO CALLEJERO
Comencé a comparar mi comida con la basura que los dos niños, obligados a trabajar duramente, tendrían que comer. Dos mundos muy distintos aparecieron ante mí ese día. Inmediatamente decidí buscarlos en su lugar de trabajo. Encontré que Ssembi estaba otra vez en la cárcel y que Ali estaba viviendo con una pandilla peligrosa para vender drogas y combustible de aviación que algunos usan para inhalar. Había adelgazado, estaba enfermo y se sentía muy miserable.
Para poder sobrevivir cada uno de los niños de la pandilla tenía que trabajar muy duro. Algunos ofrecían sexo a los adultos a cambio de comida o de una suma mísera; otros transportaban cargas pesadas, vendían drogas o participaban en el delito organizado.
Un niño que vive en la calle está amenazado de muerte de muchas maneras. Muchos de ellos desarrollan complicaciones físicas debido al trabajo peligroso que realizan. Su crecimiento se ha detenido, sus miembros están destruidos, contraen tuberculosis y tienen heridas ulceradas aterradoras, así como problemas comunes como dolores de cabeza. Una consecuencia de todo es la apatía. La peor experiencia de un niño callejero es enfermarse. No reciben cuidado alguno y, sin embargo, tienen que sobrevivir.
La mayoría no puede expresarse bien debido a las drogas. Todos dicen que no pueden hacer lo que hacen sin la influencia de las drogas. Uno de ellos me dijo que, a pesar de estar cansado, le había llevado una carga pesada a lo largo de cinco kilómetros a una señora que no le pagó. Esa noche, muy hambriento y desesperado, comió basura que encontró en una bolsa dentro de un latón de desperdicios.
Las experiencias difíciles de Ali y Ssembi me llevaron a investigar la vida de los niños callejeros en Kampala y a vivir con ellos. En los meses subsiguientes, con la ayuda de Ali, comencé poco a poco a hacer contacto con muchos otros niños que trabajan en las calles. Descubrí que cada pandilla tenía una característica específica y una ubicación, llamada "depósito". Muchos niños que vivían en los depósitos no querían dormir a la intemperie, comer basura o hacer trabajos físicamente dolorosos y arduos. Se sentían frustrados.
Con la ayuda de los jesuitas de Kampala se alquiló una casa para 10 niños callejeros. Diez de ellos se pasaron a la casa con las cajas de cartón en las que dormían y las bolsas de polietileno que usaban para cubrirse y protegerse del frío en las calles. Así nació Kids in Need.
La infancia callejera del siglo pasado
La población infantil callejera hace 15 años
Si comparamos a la población actual de niños y jóvenes que viven en la calle con aquella que conocimos hace 15 años, se hacen evidentes algunas diferencias. Hace una década, un grupo de callejeros abarcaba desde niños pequeños, 8 a 10 años, recién salidos de su casa hasta jóvenes adolescentes, 16 a 18 años, que contaban años de vida en la calle. Frecuentemente dentro del grupo había representación de todas las edades y niveles de arraigo callejero.
Debido en parte a esta pluralidad dentro del grupo, el mismo mantenía un cierto grado de equilibrio. Es decir, existía una mediación natural entre las características de altos y bajos niveles de arraigo callejero. En este sentido factores como niveles de adicción extremos, violencia excesiva o deterioro físico disfuncional se veían mermados por las necesidades y deseos de los miembros más pequeños del grupo. Por ejemplo, era común que los miembros más recientes mantuvieran bajos niveles de adicción durante un periodo largo de inducción al grupo o mientras eran muy pequeños de edad. Y eran los propios miembros mas antiguos y arraigados a la vida callejera quienes limitaban a los chicos en el uso de drogas y los protegían de excesiva violencia por parte de algún miembro del grupo o la comunidad. La llegada de nuevos miembros al grupo era constante.
Este equilibrio en los niveles de arraigo callejero, hacía del grupo un sistema poco funcional para quienes salían del parámetro. Tanto un niño demasiado pequeño como un adolescente que rebasaba los 19 años, no encontraba la satisfacción de sus necesidades en el grupo y era absorbido por otros espacios de manera natural. Los muy chicos eran acogidos frecuentemente por algún miembro de la comunidad y los mayores se integraban al comercio informal sin romper su relación con el grupo de calle, ni superar serios y crecientes problemas de adicción y violencia. Otros tantos, para quienes el deterioro de la vida en la calle les impedía una, aunque fuera marginal, integración a la comunidad ingresaban a grupos pequeños de jóvenes – adultos callejeros que se mantenían al margen de otros grupos y se movían en zonas delimitadas de la ciudad (Tacuba, Garibaldi, entre otras).
Otra característica de estos grupos de diversos niveles de callejerismo, era el poco o nulo contacto institucional. Fuera de casas hogar y centros masivos de puertas cerradas, la infancia callejera tenía pocas alternativas de atención. El trabajo de calle y la ahora conocida figura del educador de calle eran exclusivos de un puñado de organizaciones, muchas que continúan su labor actualmente, inspiradas por experiencias como las de Paulo Freire.
Dentro de este contexto, muchos niños callejeros nunca habían establecido una relación con un adulto que no estuviera definida por el maltrato o en el mejor de los casos la indiferencia. El impacto de un adulto, el educador, que escuchara y respetara al chico en combinación con niveles moderados de arraigo callejero, hacía que el uso exclusivo de técnicas provenientes de la educación popular fueran una herramienta efectiva para que muchos chicos dejaran la vida en la calle.
Este punto cobra particular relevancia ya que sobre él se finca la posterior mitificación del impacto que genera la mera presencia del educador en el proceso del chavo. La atención centrada en torno a la educación popular como respuesta a las deficiencias de un sistema educativo e institucional que no ha podido satisfacer las necesidades de los niños y jóvenes, genera una sentida falta de inversión en el desarrollo o adaptación de otras metodologías educativas.
Si comparamos a la población actual de niños y jóvenes que viven en la calle con aquella que conocimos hace 15 años, se hacen evidentes algunas diferencias. Hace una década, un grupo de callejeros abarcaba desde niños pequeños, 8 a 10 años, recién salidos de su casa hasta jóvenes adolescentes, 16 a 18 años, que contaban años de vida en la calle. Frecuentemente dentro del grupo había representación de todas las edades y niveles de arraigo callejero.
Debido en parte a esta pluralidad dentro del grupo, el mismo mantenía un cierto grado de equilibrio. Es decir, existía una mediación natural entre las características de altos y bajos niveles de arraigo callejero. En este sentido factores como niveles de adicción extremos, violencia excesiva o deterioro físico disfuncional se veían mermados por las necesidades y deseos de los miembros más pequeños del grupo. Por ejemplo, era común que los miembros más recientes mantuvieran bajos niveles de adicción durante un periodo largo de inducción al grupo o mientras eran muy pequeños de edad. Y eran los propios miembros mas antiguos y arraigados a la vida callejera quienes limitaban a los chicos en el uso de drogas y los protegían de excesiva violencia por parte de algún miembro del grupo o la comunidad. La llegada de nuevos miembros al grupo era constante.
Este equilibrio en los niveles de arraigo callejero, hacía del grupo un sistema poco funcional para quienes salían del parámetro. Tanto un niño demasiado pequeño como un adolescente que rebasaba los 19 años, no encontraba la satisfacción de sus necesidades en el grupo y era absorbido por otros espacios de manera natural. Los muy chicos eran acogidos frecuentemente por algún miembro de la comunidad y los mayores se integraban al comercio informal sin romper su relación con el grupo de calle, ni superar serios y crecientes problemas de adicción y violencia. Otros tantos, para quienes el deterioro de la vida en la calle les impedía una, aunque fuera marginal, integración a la comunidad ingresaban a grupos pequeños de jóvenes – adultos callejeros que se mantenían al margen de otros grupos y se movían en zonas delimitadas de la ciudad (Tacuba, Garibaldi, entre otras).
Otra característica de estos grupos de diversos niveles de callejerismo, era el poco o nulo contacto institucional. Fuera de casas hogar y centros masivos de puertas cerradas, la infancia callejera tenía pocas alternativas de atención. El trabajo de calle y la ahora conocida figura del educador de calle eran exclusivos de un puñado de organizaciones, muchas que continúan su labor actualmente, inspiradas por experiencias como las de Paulo Freire.
Dentro de este contexto, muchos niños callejeros nunca habían establecido una relación con un adulto que no estuviera definida por el maltrato o en el mejor de los casos la indiferencia. El impacto de un adulto, el educador, que escuchara y respetara al chico en combinación con niveles moderados de arraigo callejero, hacía que el uso exclusivo de técnicas provenientes de la educación popular fueran una herramienta efectiva para que muchos chicos dejaran la vida en la calle.
Este punto cobra particular relevancia ya que sobre él se finca la posterior mitificación del impacto que genera la mera presencia del educador en el proceso del chavo. La atención centrada en torno a la educación popular como respuesta a las deficiencias de un sistema educativo e institucional que no ha podido satisfacer las necesidades de los niños y jóvenes, genera una sentida falta de inversión en el desarrollo o adaptación de otras metodologías educativas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
